Moscú luce su revolucionario cambio de piel

Tras la época soviética de urbanismo gris,  la capital rusa se ha transformado en la última década y se ha acercado a los ciudadanos con edificios de autor, zonas verdes, carriles bici y espacios acogedores 

“Y yo voy, camino por Moscú”, dice una pegadiza canción que casi todo el mundo sabe tararear en Rusia. Pero una cosa era cantar mientras se veía una de las mejores películas del cine soviético y otra que dar un paseo por Moscú en aquella época fuese un placer. Aparte de los lugares emblemáticos de esta gran ciudad, el paisaje dominante era una arquitectura gris, calles de cemento, filas de pisos diseñados a escuadra y cartabón, pocos árboles y escasa naturaleza, encerrada normalmente en parques monumentales.

El fin de la URSS y la llegada de un malentendido capitalismo no cambió mucho las cosas. Hasta hace poco, cuando la capital rusa ha ido ganando espacios para las personas, estrechando las vías a los coches y ensanchando las aceras a los peatones; ajardinando y modernizando los parques, donde además de césped, se han ido incorporando restaurantes, cines al aire libre, parques infantiles, canchas de deporte o carriles bici.

MOSCOW, RUSSIA – AUGUST 27, 2020: People on a zebra crossing in Bolshaya Dorogomilovskaya Street. Mikhail Tereshchenko/TASS (Photo by Mikhail Tereshchenko\TASS via Getty Images)

En la nueva ciudad se pretende combinar el esplendor de la herencia histórica y sus monumentos con una megalópolis moderna, donde los protagonistas han de ser sus 12,5 millones de habitantes. “El objetivo ha sido sacar a la gente a la calle”, explica a Magazine la urbanista y arquitecta Irina Irbítskaya, directora del proyecto europeo Ciudad Digital.

Un ejemplo claro es la construcción del parque Zariadie en 2017, enfrente del Kremlin y la plaza Roja, y donde antes se levantaba el mastodóntico hotel Rossiya. La combinación de zonas de ocio, naturaleza, cultura y diseño resume la tendencia urbanística de la nueva ciudad. 

“Antes teníamos el centro de la ciudad, que combinaba sus funciones administrativa, turística y cultural, y alrededor barrios dormitorio con edificios sin rostro. En los últimos diez años han surgido varios centros alternativos con diferentes funcionalidades, su propia identidad y la capacidad de atraer personas, información, finanzas y otros recursos”, detalla Serguéi Zúev, director del Instituto de Ciencias Sociales en la Academia de Economía y Administración Pública.

“En la época soviética claro que había parques, pero sólo podían disfrutar de ellos las personas que vivían al lado”, porque solo ellos podían llegar, acota Irbítskaya. “Una buena ciudad moderna se caracteriza, entre otras cosas, por la accesibilidad al parque, la plaza o la zona peatonal más cercana en 10 minutos desde cualquier lugar”, añade Zúev.

Este experto sostiene que antes de que la ciudad comenzase a dejar el lastre soviético, había una contradicción que había que subsanar entre economía y calidad de vida: “La capital rusa era un de las 20 ciudades económicamente más importantes del mundo en las clasificaciones internacionales. Pero la calidad del medioambiente no se correspondía en absoluto con estos indicadores. Desde entonces Moscú ha dirigido una parte significativa de su potencial económico a mejorar el medioambiente y la calidad del entorno urbano”.

Para ello ha habido que vertebrar los transportes públicos, modernizando y ampliando el metro, uno de los más concurridos del mundo. “En la década del 2000 yo me movía en taxi, evitando en todo momento el transporte público en superficie. Pero ahora voy a todas partes en transporte público, porque en general es puntual y puedo planificar mi horario con comodidad”, cuenta Irbítskaya. 

Al reducir las carreteras para los coches y ensanchar las aceras, como en la conocida calle Novi Arbat, emblemática vía de diseño soviético hoy transformada en un entorno humano, el aire de la ciudad es más limpio. “Por supuesto en Moscú no se han vencido del todo los atascos y aún hay que hacer algo para reducir la presión de las carreteras. Gracias a Dios aún hay una reserva de medidas en este sentido”, dice Irbítstkaya.

Hoy Moscú cuenta con un espacio verde distribuido por toda la ciudad, lo que permite a una persona que viva en cualquier zona de la ciudad llegar rápidamente a un lugar de descanso. Y eso puede verse en una de las zonas verdes ya históricas, como el parque Gorki o la VDNJ, la antigua feria de exposiciones soviéticas, como en los pequeños parques que se han creado en casi todos los barrios. “Estas transformaciones aumentan el atractivo de la ciudad, haciendo que el entorno urbano sea más amigable, seguro y confortable”, describe Oleg Baevski, profesor de la Escuela Superior de Urbanismo. 

En 2019 PriceWaterhouseCoopers declaró a Moscú la megápolis más verde del mundo por delante de Hong Kong, Berlín, Nueva York o Londres. “La ciudad de las fábricas se está transformando en la ciudad para las personas”, dijo un año antes el alcalde, Serguéi Sobianin.Su designación al frente del gobierno de Moscú marca un punto de inflexión para la transformación, que coincide con una nueva clase media que viajaba fuera de Rusia y quería cambios en casa. Irbítskaya apunta que con él llegó otra forma de pensar.

 Antes, con Yuri Luzhkov al frente de la ciudad (1992-2010), “había un urbanismo de campo, porque se consideraba a la ciudad en pueblo grande. Transformar el escenario soviético, construido para las masas, en una ciudad moderna para las personas es algo que habría que haber hecho hace mucho tiempo y ahora está sucediendo a toda velocidad”, opina. 

Zúev cree que se trata de un cambio de épocas. “La economía y gestión de Moscú en los noventa tenía sus raíces en la situación general de esos años. En el siglo XXI surgen otros políticos porque Moscú comienza a realizarse no sólo como una ciudad rusa, sino como una ciudad de importancia global”.

El último plan para desarrollar el transporte público en Moscú son los “tranvías fluviales”. Las líneas regulares por el río existieron desde hace un siglo, pero desaparecieron hace 15 años. Sobianin quiere construir 20 barcos eléctricos y crear en 2022 y 2023 dos rutas que enlacen con el metro o el transporte urbano de superficie.

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